Mi historia con Irak empieza hace un par de años.
Siempre he trabajado en turismo y, en ese momento, colaboraba con una agencia especializada en destinos que muchas mujeres consideran “lista negra”: países donde el papel de la mujer es muy distinto al de la cultura occidental.
Pero yo siempre he sido una viajera curiosa. Me interesa ir más allá de lo que muestran las guías, entender la realidad de los países desde dentro y, sobre todo, hablar con las mujeres locales. Supongo que siempre he tenido ese espíritu de Callejeros Viajeros y quería vivir mi propia experiencia.
La idea de ir a Irak surgió porque conocía a alguien que vivía allí y podía ayudarme con la logística interna. Y ahí me hice una pregunta clave:
¿Viajar sola es hacerlo todo sola?
Para mí, no.
Viajar sola no significa viajar sin apoyo.
Significa viajar de manera independiente, pero con un cinturón de seguridad.
Ese cinturón, en mi caso, fue:
- tener a dónde llegar
- alguien que me ayudara con los visados
- apoyo logístico interno
- y una persona a la que contactar si pasaba algo
Porque hay países donde viajar sola sin red no es realista.
Primer punto importante: Irak hoy
Una de las frases que más escuché fue:
“Pero… ¿Irak no está en guerra?”
No.
En 2026, Irak no está en guerra. Los conflictos están en países vecinos, pero no en el país en sí.
Existen dos capitales principales:
- Bagdad, capital del Irak federal
- Erbil, capital del Kurdistán iraquí
Yo volé directamente a Bagdad, ya que con ese visado también podía moverme por el Kurdistán.
Miedos antes del viaje (porque sí, los tenía)
Antes de ir me asaltaban muchas dudas:
- ¿Tengo que taparme completamente?
- ¿Es peligroso siendo mujer?
- ¿Me van a hacer algo?
Era un viaje consciente, sí, pero eso no significa que no tuviera miedo.
Recuerdo perfectamente el día que iba al aeropuerto: me puse a llorar. Pensé:
“¿Me habré equivocado? ¿Qué estoy haciendo?”
Era el momento en el que el viaje dejaba de ser una idea y se volvía real.
Mis primeras impresiones como mujer en Irak
Lo primero que me sorprendió fue algo que no esperaba:
no me sentí insegura, pero sí me sentí ignorada.
Recorrí el país durante unos 10–12 días y en ningún momento me sentí en peligro.
Sí me sentí observada. Mucho.
Era verano, hacía muchísimo calor. Yo iba con pantalón largo y camisetas de manga corta, ropa holgada, sin escotes ni ropa ajustada. No me cubría el pelo, y eso llamaba la atención.
Hay mujeres con hiyab, otras con niqab, otras con burka y otras sin cubrirse. Depende mucho de la zona. No es tan homogéneo como solemos pensar.
Me miraban, pero no me hablaban.
Y cuando iba con guía —algo que recomiendo que sea un guía hombre—, directamente se dirigían a él, aunque yo fuera quien preguntaba.Tardé unos días en entenderlo:
yo era visitante, había elegido estar allí, y las reglas no iban a adaptarse a mí.
Las mujeres locales: una lección de perspectiva
Donde más pude hablar con mujeres fue en Bagdad.
Me sorprendió ver barrios muy modernos, zonas muy “posh” y otras mucho más normales.
En una de esas experiencias inmersivas, fui a un spa solo para mujeres. Con ayuda de Google Traductor hablé con varias de ellas.
Me contaban su vida: amas de casa, el marido llevaba el dinero, ellas tenían un sueldo para arreglarse, ir al spa, cuidarse. Me preguntaban por qué no tenía hijos, por qué no estaba casada.
Ahí entendí algo muy fuerte:
lo que yo veía como una cárcel, ellas lo veían como un privilegio.No es para mí.
Pero conocerlo desde dentro me dio perspectiva. Y para mí, eso es viajar.
El contacto con los hombres (otra capa cultural)
Hubo algo que me incomodó bastante al principio: los hombres no me miraban a la cara.
Ni siquiera cuando les hablaba.
Hablándolo con mi guía, me explicó que no lo hacían por respeto a mí… y a mi supuesto marido. No querían generar problemas.Fue otro velo que se me cayó.
Otra forma de entender que estaba en una cultura completamente distinta.
¿Recomiendo viajar a Irak?
Sí, lo recomiendo.
Y quiero decirlo claro: lo recomiendo 100 % en grupo.
Irak es un país con una carga histórica impresionante, una de las cunas de la civilización. Caminar por sus ciudades es caminar por capas y capas de historia.
La gente es hospitalaria, la comida está buenísima y es una zona nada explotada a nivel turístico. Para mí, eso tiene muchísimo valor.
Es un destino especialmente interesante si te gusta visitar lugares fuera del radar turístico, si te atrae conocer realidades distintas y no necesitas que todo esté preparado para el visitante.
Eso sí, no es un país para cualquiera.
Hay que ir preparada mentalmente, sabiendo que:
- las normas sociales son muy distintas
- el papel de la mujer no es el mismo que en Occidente
- la comunicación puede ser complicada
- y muchas situaciones pueden incomodar si no vas abierta a observar sin juzgar
Para mí, de eso se trata viajar.
Pero siempre sin renunciar a la seguridad ni a tu bienestar. Eso es lo principal.
Viajar en grupo, con apoyo local y logística clara, hace que la experiencia sea no solo posible, sino profundamente enriquecedora.
Lugares que te recomiendo
- Bagdad, especialmente el mercado de los libros antiguos y sus cafeterías locales.
- Las marismas de Mesopotamia, una experiencia impresionante, dormí literal en el campo y con búfalos a menos de 2 metros! Sólo para las más aventureras.
- Minarete de Samarra, me cagué de miedo al subir al minarete porque no hay seguridad ninguna (55m) pero sin duda fue una experiencia que nunca olvidaré.
- Mosul, mi ciudad favorita sin duda. La ciudad más azotada por el ISIS, pero para mí el pueblo más resiliente.
- Hatra, un lugar mágico que no se explica con palabras.
- Akre, escuchar el rezo desde allí es sobrecogedor.
Erbil, muy moderna, casi europea.
Lo que me llevé de este viaje
Irak no fue un viaje cómodo.
Pero fue profundamente transformador.
No para cambiar quién soy, sino para entender mejor el mundo y mi lugar en él.
Viajar sola no siempre es libertad.
A veces es incomodidad, choque cultural y preguntas sin respuesta.
Y aun así, para mí, sigue valiendo la pena.




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